jueves, 13 de diciembre de 2007

1er Campamento Familiar de Pastores ADIEL




Damos gracias al Señor por las bendiciones que nos dio a través del campamento familiar de pastores ADIEL 2007, por la oportunidad que nos brindó de servir a pastores de la ADIEL y demás asistentes a la cita que nos dimos en el Campamento Bíblico “Rancho Grande” del 16 al 18 de Noviembre.

Para este evento tuvimos un total de 65 asistentes, de los cuales 18 eran pastores y 10 esposas de pastores. Consideramos que, para ser la primera vez que se realiza un evento de este tipo, fue un logro reunir este grupo de pastores. Confiamos en Dios, que en una próxima oportunidad el número de asistentes y pastores con sus familias aumente.

Felicitamos al equipo de facilitadores: Eliezer González, Danny Carpenter, Raquel de Adráz y Zulay de Arráiz, quienes fueron usados por Dios para edificar las vidas de las personas presentes. La evaluación deja constancia de esto.

Además, damos muchas gracias al Señor por el equipo de trabajo: Raquel de Adráz, Marta Escandón, Rafaela de López, Felicia de Boyer, Medilva de López, Nela de Bracho, Adriana Jaramillo, Alí Adráz, Omar López, Alfredo Calanche y Mario López por su valiosa colaboración, sin la cual no hubiera podido realizar el campamento. Quedó plenamente demostrado que cuando estamos unidos se pueden asumir retos y hacer grandes cosas para nuestro Dios.

“Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo”

1 de Crónicas 29:11 (NVI)



martes, 13 de noviembre de 2007

Reunión de pastores libres de Maracay


El pasado sábado 27 de Octubre, en las instalaciones de la IEL Libre Betania, de Palo Negro, estado Aragua, se realizó un importante encuentro de pastores de iglesias libres de Maracay. Fue un tiempo muy provechoso y edificante en la presencia de Dios. Los pastores asistentes confirmaron la necesidad de que el cuerpo pastoral de las iglesias libres de maracay se reúnan con frecuencia, no sólo para orar y tener comunión, sino también para discutir temas importantes de la realidad nacional. Se quedó de acuerdo que el próximo encuentro se realizará el 24 de Noviembre en las instalaciones de la UEI "Moral y Luces", donde actualmente funciona la IEL Agape. Damos gracias a Dios por la hospitalidad de la IEL Betania y de su pastor Nemuel Medina. Recordemos que nuestro compromiso es a estar "solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

Jornada de carnetización

En el marco del 1er campamento familiar de pastores, se realizará una jornada de carnetización a todos los pastores de ADIEL que ya tienen su licencia ministerial al día. Le pedimos por favor a todos los pastores que lleven una foto tipo carnet para agilizar el proceso.
Les esperamos en el campamento. va a estar buenísimo.
Dios les siga bendiciendo.

Mario Enrique López
Presidente de UMADIEL

Ps: Revisa la página http://umadiel.blogspot.com/

lunes, 12 de noviembre de 2007

Entrega de Licencia Ministerial al hermano Ruben Hidalgo


El pasado domingo 28 de Octubre se entregó la licencia de ministerial al hermano Ruben Hidalgo, miembro de la IEL "El Trigal" de Valencia, estado Carabobo. El hermano Rubén junto con su esposa, van a salir, Dios mediante al campo misionero, específicamente a España. La Iglesia El Trigal ha asumido el reto y compromiso de enviar a esta familia y esperan el apoyo espiritual y financiero de otras iglesias evangélicas libres.
En la ceremonia de entrega de licencia estuvieron presentes los pastores: Abdy Pereira, primer Vicepresidente de la ADIEL, pastor Wolfgang Manzo, de la IEL "Dios Admirable" de Nirgüa, estado Yaracuy, y el pastor Mario López de la Comunidad Cristiana de El Limón y presidente de UMADIEL.

Pedimos al Señor que siga dirigiendo a la familia Hidalgo y que les use para la extensión de su reino en España.

Celebración de 5o años de Ministerio Pastoral del Reverendo Luis Boyer


El pasado 27 de octubre, en las instalaciones de la IEL "Nueva Esperanza" de San Felipe, estado Yaracuy, se celebró el 50 aniversario de vida ministerial de nuestro amado hermano Luis Boyer. A continuación les presentamos una reseña de este valioso siervo de Dios.

Una vida dedicada al servicio del Señor…
Al amanecer de una bella mañana, el día 16 de julio de 1918, en un pintoresco pueblito del oriente del país, rodeado de montañas y paisajes encantadores, nace un hermoso niño a quien le pusieron por nombre Luis, hijo de una gran señora llamada Carmen Ramona Boyer quien más tarde pasó a ser de Palacios y a la cual todo el pueblo llamaba respetuosamente “Doña Ramona”. Su infancia transcurrió en su terruño natal donde compartió y aprendió labores del campo, es decir, la agricultura. Un día sintió la necesidad de salir de su hogar en busca de nuevos horizontes y tuvo la oportunidad de ir a Valle de la Pascua, estado Guárico, allí realiza diferentes trabajos entre ellos la albañilería, entre otros; luego se fue para Barcelona y Puerto la Cruz, estado Anzoátegui. A los 17 años oyó hablar del evangelio y no tardó en dar su respuesta afirmativa poniendo du vida al servicio del Señor, su madre también tuvo el privilegio de conocer al Señor Jesús como su salvador personal. Dio pues testimonio de su fe en Cristo Jesús bajando a las aguas del bautismo en Valle de la Pascua en el año 1941. Al año siguiente ingresa al Instituto Bíblico Las Delicias, en Caripe, estado Monagas, para prepararse y servir en la obra del Señor y en el año 1947 luego de varios años de estudio se graduó en estudios teológicos. Estando en el Instituto un año después de haber comenzado sus estudios allí, aparece una joven muy inquieta proveniente de la Isla de Margarita, estado Nueva Esparta de nombre Marceliana Carmen Marcano Velázquez, a quien en el transcurso de sus estudios conoce y al culminar sus estudios deciden unir sus vidas en matrimonio; evento que se realizara en la ciudad de Puerto la Cruz, estado Anzoátegui. Radicándose luego en su pueblo natal donde tuvo el privilegio de pastorear la iglesia por casi 2 años. En el año 1948 la Misión del Centro de la Iglesia Libre, les hace el llamado pastoral para la iglesia Getsemaní en Altagracia de Orituco donde permaneció 4 años y medio. Posteriormente pasaron a trabajar en las iglesias del estado Guárico y Aragua (El sombrero, Cagua y el Socorro) aproximadamente 1 año en cada uno de esos pueblos. Luego atendiendo al llamado que le hiciera la iglesia Emmanuel en San Fernando de Apure, para dirigir un campamento juvenil, que más adelante se convirtieron en los pastores de esa congregación por un tiempo de 2 años, al termino de éste se regresa a la iglesia de Altagracia de Orituco, estado Guárico, permaneciendo allí 7 años. En el año 1951 en una convención de ASIGEO, Asociación de iglesias Evangélicas de Oriente con sede en Ciudad Bolívar, en un acto especial fue licenciado al Ministerio Pastoral y el 21 de febrero de 1961 fue ordenado como Ministro Evangélico en y por la iglesia de Altagracia de Orituco. En Altagracia de Orituco mantuvo por más de 4 años un programa radial llevando también las Buenas Nuevas de Salvación a esa región llanera, organizó una iglesia en Ipare, población vecina de Altagracia y 3 congregaciones más (1 en Lezama de Orituco, 1 en la Esperanza y otra en San Antonio de Tamanaco). En 1965 recibe el llamado de la iglesia libre de Valle de la Pascua, allí permaneció 12 años ininterrumpidos y para la Gloria de Dios, fundó 2 iglesias más (Bethel y Enmanuel) además de 3 congregaciones en sectores circunvecinos (Las Piedras, Chaguaramas y La Villa). En las Mercedes del Llano reactivó la Iglesia Estrella del Salvador. En 1977 la iglesia Libre de San Juan de los Morros le hace un llamado donde estuvieron por 13 años, al igual que en todos los lugares en donde desempeñó labor pastoral en los pueblos aldeaños a la capital del estado Guárico (Ortiz, Parapara, San Sebastián de los Reyes y otros). En 1989 funda la iglesia Libre Luz y Verdad en la misma ciudad de San Juan de los Morros, en la Urb. Rómulo Gallegos. El reverendo Luis Boyer en compañía de su esposa ha sido privilegiado y bendecido grandemente por el Altísimo y en medio de luchas y pruebas en este largo caminar; siempre han visto y sentido la Presencia del Señor, dejándose usar por el Espíritu Santo al llevar el mensaje de salvación a centenares de personas, Dios los ha usado grandiosamente de diferentes formas, la honra y la gloria sean dadas al Rey.
Marceliana, la hermana señora, (como acostumbraba llamar a las hermanas) abnegada trabajadora en la obra quien también se destacó desde su juventud como líder incansable en la tarea de animar, incentivar, ayudar a otros a conocer y servir a su Señor, fue fundadora de la Unión de Damas de la ADIEL, presidenta en 2 períodos siempre formo parte de la directiva en especial en el comité de Programa. Trabajó arduamente a favor de Casa Hogar Gracia Folin. Su vida es un digno ejemplo a seguir y un desafío para cada sierva.
Luego de salir de San Juan de los Morros donde concluyó su pastorado de 48 años ininterrumpidos, llegan a San Felipe, estado Yaracuy; solicitado por la Iglesia Mundo Unido para pastorearla por un año sirvieron allí igualmente. En el momento de transición de la Iglesia Nueva Esperanza, quedan encargados de la misma casi 1 año. Ha prestado su colaboración en distintas iglesias locales hasta llegar a Barquisimeto, su hogar ha permanecido abierto para todos aquellos que de una u otra manera han tenido necesidad de oración y deseos de oír la Palabra de Dios, así como también células las cuáles ha formado en algunos hogares de la urbanización donde residen. El reverendo Luis Boyer goza del aprecio y respeto de quienes han sido sus colegas quienes cariñosamente le dicen “El Tío” y de varias generaciones que han manifestado respeto y admiración. De su matrimonio bendecido por el Señor nacieron 6 hijos: Islia, Yamileth, Henry, Hernán, Lusimar y Mildred. Hoy en día disfruta de una familia grande, además de sus 6 hijos, tiene 12 nietos (Luis Rafael, Ysmaryalumil, Islia Isabel, Yogli, Hernán Alexander, Luis Eduardo, Aurimar, Mildred Carolina, Henry Eliécer, Gregory Samuel, Scarleth y Kristell) y 9 bisnietos (Lemaire Gizelle, Marianna Isabel, Verónica Alejandra, Gemarys Stephany, Andrea Abigail, Vanessa Alejandra, Diego, Abby Celeste y Samantha). Todos testigos del legado que su abuelo deja como hombre cabal, ciudadano responsable, amigo de los amigos, servidor por excelencia, siempre dispuesto a extender su mano amiga a quien lo necesite. Ni una sola oportunidad ha perdido de dar a conocer a su Señor, tanto a su familia como a cada persona que se cruza en su camino. Quede su nombre, su memoria, su ejemplo a lo largo de las edades como testimonio de una vida rendida al servicio del Dios Todopoderoso lo cual todo el que le ha conocido puede dar fe de ello, de seguro el mismo padre ya se ha encargado de asentar en actas su trayectoria, días de felicidad y paz saluden su ancianidad, y que la honra salude su existir hasta que sea convocado a la celebración de su bienvenida al reino de los cielos.

Visita a Maracaibo.

En octubre pasado (19 al 21) la directiva de la ADIEL y mi persona en calidad de presidente de UMADIEL estuvimos visitando a las Iglesias Evangélicas Libres de la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia.
La ocasión sirvió para plantear al pastorado e iglesias el compromiso de la ADIEL y UMADIEL por atender, visitar a las iglesias para fomentar la unidad y la conciencia de que ADIEL somos todos.
Se visitó en primera instancia a la Iglesia Evangélica Libre "El Buen Pastor", ubicada en la urbanización la Rotaria. Su pastor, el Ing. José Paz nos atendió muy bien y escuchó nuestro propósito antes mencionado. De su parte, expresó el deseo mantener las líneas de comunicación abiertas y a recibir el apoyo que necesitan en algunas áreas. También nos habló de lo que están haciendo en la fundación de dos nuevas congregaciones.

De izquierda a derecha: Manuel Rengifo, Secretario de Finanzas de ADIEL; Joel Fonseca, 2do Vicepresidente de ADIEL, Ing. José Paz, Pastor IEL. El Buen Pastor; Mario E. López, Presidente de UMADIEL; Dr. Ender Labraca, 2do. Anciano de la Iglesia y Dorcas López, Secretaria de Actas de ADIEL.



El domingo 21, compartimos con la IEL "Primera de Maracaibo". El presidente de la ADIEL, Dr. Daniel Bracho tuvo a cargo el mensaje de la Palabra de Dios. Después del servicio tuvimos un tiempo de preguntas y respuestas para que todos los asistentes pudieran conocer un poco más lo que es la ADIEL. Fue un tiempo muy bueno.

En horas de la tarde tuvimos el privilegio de compartir con los hermanos de la congregación amada, conformada por personas de China. Fue muy hermoso y edificante compartir el culto en Español y Chino. La mayor necesidad que tiene esta congregaciòn es una pareja pastoral. Pidamos a Dios que provea esta pareja para la congregación.

Este tiempo fue además una bella oportunidad para compartir con el pastor José Rodríguez y su esposa Eleida. Ellos fueron unos excelentes anfitriones, dieron lo mejor de sí para que nos sientieramos muy bien. Que Dios les siga bendiciendo y usando en su obra.

lunes, 15 de octubre de 2007

Un cántico nuevo



por John Hannah
La necesidad más grande entre los cristianos de hoy no apunta a nuevos programas. Lo que desesperadamente necesitamos es un vislumbre radical de la grandeza, majestad, perfección, poder, misericordia, bondad, y generosidad amorosa de Dios. Nos urge adorarlo, conocerlo a él y, así, su perfecta voluntad para la presente generación.

Uno de los catalizadores más potentes para la adoración vital es la conciencia de la grandeza y misericordia de Dios. Fue esa conciencia lo que movió a los hijos de Coré a entonar este cántico: «Batid las palmas, pueblos todos; aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque el Señor, el Altísimo, es digno de ser temido; Rey grande es sobre la tierra» (Salmo 47.1–2) y «Grande es el Señor y muy digno de ser alabado» (Salmo 48.1a).

Cuando contemplamos a Dios de esta forma, no podemos dejar de asombrarnos y maravillarnos y entonces logramos confesar como Isaías: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos» (Isaías 6.5).

La necesidad más grande entre los cristianos de hoy no apunta a nuevos programas, ni a realizar nuevos análisis de población, tampoco a nuevos programas educativos. Ni siquiera se relaciona con dictar o no más conferencias. Lo que desesperadamente necesitamos es, a penas, un tenue resplandor de la grandeza, majestad, perfección, poder, misericordia, bondad, y generosidad amorosa del Dios al que servimos.

Nos urge adorarlo, conocerlo y descubrir cual es su perfecta voluntad para la presente generación.

El autor del Salmo 33 nos guía a reconocer la grandeza de Dios y, de esa manera, a adorarlo. El salmista empieza llamándonos a la adoración y proponiéndonos maneras de cómo practicarla. Luego presenta dos atributos de Dios como razones para adorarlo. Por último, invita a esperar en el Señor. Vamos a analizar el Salmo para descubrir qué nos enseña acerca de Dios y la adoración.

El llamado a la adoración

«Cantad de júbilo en el Señor, oh justos; apropiada es para los rectos la alabanza. Dad gracias al Señor con la lira; cantadle alabanzas con el arpa de diez cuerdas. Cantadle cántico nuevo; tañed con arte, con voz de júbilo.» (Salmo 33.1–3)

Todos los Salmos están diseñados para ser cantados. Pero, cuando observamos que el verbo «cantar» se menciona explícitamente sesenta y ocho veces en el libro de los Salmos, entonces, sí logramos una idea de cuán importante es el canto como expresión espiritual. Ahora entendemos por qué Longfellow, poeta estadounidense, calificó la voz humana como «¡el órgano del alma!» En la Biblia, el canto es la práctica más usada para adorar, y cuando los salmistas exhortaban a la adoración, a menudo empezaban invitando al pueblo de Dios a cantar.

Somos llamados a cantar «con júbilo». Qué tristeza produce ver cómo algunas congregaciones del pueblo de Dios tratan con letargo a tantos buenos himnos, de manera tal, que nunca dieron paso a las palabras para que ¡se aferraran a sus corazones! Jesús afirmó que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12.34). Cuánto más deberíamos cantar con corazones rebosantes, tan llenos de la gracia, bondad, y misericordia de Dios, de modo que ellos mismos se conviertan en fuente de agua viva capaz de ¡bañar a todo el mundo!

Imagine el ambiente dentro del templo en Jerusalén. La hermosa estructura, con las cortinas y los ornamentos de oro y plata, los altares, el incienso, todo formaba un notable despliegue de magnificencia como para quitarle el aliento, incluso, hasta al más indolente. Reconstruya mentalmente la imagen del pueblo de Dios cantando con todas sus fuerzas, acompañado de harpas, liras, címbalos, cuernos, y gran variedad de instrumentos musicales tocados «diestramente». Sospecho que hasta, incluso, prorrumpían en gritos de júbilo .

Si estuviera presente, ¿qué opinaría de un culto con esas características hoy en día? Para mí resulta difícil imaginármelo. Pero si usted permaneciera el tiempo suficiente, como para permitir que la atmósfera de adoración lo atrapara, y si atendiera a las palabras del cántico sobre la grandeza,, misericordia,, santidad y amor de Dios, seguramente, jamás sería el mismo.

El salmista nos llama a todos a una adoración exuberante a Dios. No encuentro nada malo en adorarlo en silencio. («Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltando seré en la tierra» [Salmo 496.10] ). Si embargo, Dios también quiere que Su pueblo lo adore con toda la emoción de una banda o de un grupo de niños que juegan. Quizá, para entrar al Reino, necesitamos convertirnos más «como niños» de lo que usualmente pensamos (Mateo 18.3).

El Dios a quien adoramos

Después de llamarnos a adorar y reconocer qué «apropiada es para los rectos la alabanza» (v. 1b), el salmista indica las razones. Señala varios de los atributos de Dios: rectitud y fidelidad (v. 4), justicia, derecho y misericordia (v. 5), pero se concentra en dos: su omnipotencia (vv.6–11) y su providencia (vv. 12–19). También enfatiza dos acciones de Dios: hablar («la palabra de Dios» versículos 4 y 6, y «él habló» y «mandó», versículo 9) y ver (el Señor mira desde los cielos y ve a todos… él observa», versículos 13 y 14, y «los ojos del Señor», versículo 18).

Observe cómo el salmista expone la majestad de Dios: «Porque la palabra del Señor es recta; y toda su obra es hecha con fidelidad» (v. 4). Cuando Dios trata con nosotros, siempre obra consistentemente con Su carácter justo y recto. Él es recto. Por tanto todo lo que él realiza con respecto a nosotros es recto. «El Señor ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de la misericordia del Señor» (v. 5). El amor de Dios es leal, firme, inmutable. Por eso, mantiene el pacto con Su pueblo.

Probablemente con esta visión acerca de Dios podamos entender la confesión de Pablo: «Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8.38–39).

La omnipotencia de Dios

Luego, en los versículos 6–9, el salmista comenta sobre la omnipotencia de Dios, y para ilustrarla utiliza dos recursos, el primero, la creación: «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca» (v. 6). En mi opinión, el salmista resalta en estos versos la grandiosa obra hecha a través de un acto tan pequeño. Una sola palabra de Dios fue suficiente para crear los cielos.

Martín Lutero, reformador del siglo XVI, debe de haber gozado de cierta conciencia del asombroso poder de la palabra de Dios cuando escribió la tercer estrofa de «Castillo fuerte»:

Aunque estén demonios mil
prontos a devorarnos,

no temeremos,

porque Dios sabrá cómo ampararnos.
Que muestre su vigor

Satán, y su furor;

dañarnos no podrá;

pues condenado es ya

por la Palabra Santa.


El segundo recurso del salmista para ilustrar la omnipotencia de Dios es el control que el Señor ejerce sobre la naturaleza: «Él junta las aguas del mar como un montón; pone en almacenes los abismos» (v. 7). Incluso, el extraordinario y agitado poder del rebelde mar, capaz de consumir miles de vidas en su furia, se somete a Dios.

Luego nos indica cuál debe ser nuestra respuesta apropiada: «Tema al Señor toda la tierra; tiemblen en su presencia todos los habitantes del mundo» (v. 8). Esta es la respuesta apropiada ante semejante despliegue del carácter y poder de Dios. Ella impulsa cada extraordinario e inexplicable movimiento del Espíritu. Dichos movimientos empiezan no cuando nos sentamos a calcular y planear, sino cuando adoramos a Dios, cuando nos percatamos de cuán grande es él y de cuánto quiere obrar en y a través de nuestras vidas.

Esta percepción de la grandeza de Dios debe —si verdaderamente buscamos encaminarnos a la renovación— contrastar con la pequeñez del hombre. Por esa razón el temor es una respuesta apropiada cuando nos encontramos cara a cara con la magnificencia del carácter y poder de Dios. Es la respuesta que Job ejemplifica, el cual, después de escuchar asombrosas proclamaciones de las magníficas obras de Dios, respondió de esta forma: «He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza.» (Job 42.5–6). Y, paradójicamente, cuando respondemos de esta manera, reconociendo nuestra pequeñez, nos fortalecemos en Dios (2 Corintios 12.10).

Examine el impacto que las palabras de Job produce en su propio corazón. ¿Qué ocurre en su interior? ¿No se siente movido a arrodillarse humillado ante Dios? No obstante, Job confesó este cambio en él cuando estuvo completa y dolorosamente consciente de su propia pequeñez y debilidad, cuando menospreció su propio ser. ¿Qué ocurre en su corazón cuando lee la declaración de Juan el Bautista: «es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Juan 3.30)? ¿No siente que debería seguir su ejemplo, que debería negarse a usted mismo por amor a Jesús?

De esta forma, el salmista establece ante nosotros una razón para adorar y temer a Dios: «Porque él habló y fue hecho; el mandó, y todo se confirmó» (v. 9). Él exalta la omnipotencia de Dios que se manifiesta en la creación y en Su control sobre la naturaleza. Luego de la naturaleza comenta acerca de la omnipotencia de Dios sobre el hombre: «El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos.» (v. 10).

Un remedio contra el miedo

Vivimos en una época peligrosa y llena de temor. No solamente las personas que no son creyentes están llenas de temor; los cristianos parecen también estar abrumados por la ansiedad, la desconfianza y la desesperación. Eche un vistazo a la literatura que se encuentra en nuestras librerías y verá que mucha de ella se relaciona con el miedo: miedo al movimiento de la Nueva Era, de inmiscuirse en la secularización, del comunismo, de los cultos, del hambre y la guerra y los desastres naturales, del humanismo, y de los roqueros punk.

Pero de nuevo me impacta la sencilla y acertada afirmación de Lutero, «…dañarnos no podrá; pues condenado es ya por la Palabra Santa». Realmente, eso es todo lo que se necesita: ¡una pequeña palabra de Dios!

Nuestro mayor enemigo no anda «allá afuera». El enemigo más grande de la iglesia evangélica —a mi parecer— es nuestra falta de percepción de la grandeza y del poder de Dios. Nuestros enemigos más grandes somos nosotros mismos y nuestra incredulidad, nuestra ceguera en cuanto a quién es realmente Dios. Por eso, un día —de hecho una semana— de oración, en el que cultivemos una íntima comunión con Dios a fin de que nuestra mente alcance los pensamientos de Él, resulta absolutamente crucial para nuestra vida espiritual como individuos y como Cuerpo. Esa comunión con Dios debiera fundamentar todo lo que realice la iglesia.

Si Dios quisiera quitar a nuestros enemigos podría cumplir su deseo en un santiamén. Y cuando le plazca consumarlo, lo hará. En fin, no tememos a nada de lo que los enemigos de Dios y de Su pueblo busquen causarnos. ¡Él «hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos»!

No le temo a nuestros enemigos tanto como temo perderme lo que Dios pretende para mí en este mundo. Aunque él anula los planes de los hombres, «el consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación» (v. 11). Muéstrame los planes de los hombres y yo te argumentaré que son frágiles y destinados a fallar. Pero háblame de los planes de Dios y apostaré mi vida a ellos.

Un antídoto contra el cansancio

En el verso principal el salmista afirma: «Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él ha escogido como herencia para sí» (v. 12). ¡Por supuesto que es bendita! Es la niña de sus ojos. Pertenece al Dios que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en él, el cual habló y las cosas fueran hechas, el cual anula el consejo de las naciones pero cuyos ¡planes permanecen para siempre!

En mi opinión, la razón por la cual periódicamente nos cansamos en el culto es porque olvidamos cuán grandioso y profundo es el afecto que este extraordinario y eterno Dios nos prodiga. Este Salmo nos recuerda la grandeza y el afecto del Señor, de manera resulta un antídoto idóneo contra nuestro cansancio y letargo.

El salmista argumenta que la omnipotencia del Señor es motivo para la adoración efusiva a Dios. Él gobierna y reina en los cielos y él gobierna y reina sobre los propósitos de los hombres impíos de la tierra. Él es Dios.

La providencia de Dios

El siguiente atributo que el salmista asoma es la providencia omnisciente de Dios: «El Señor mira desde los cielos; él ve a todos los hijos de los hombres. Desde el lugar de su morada Él observa a todos los habitantes de la tierra» (v. 13–14). La imagen es que Dios está en su trono en el cielo, seguro; él no está desanimado, ni sobrecargado, no está preocupado o temeroso; él está en paz porque sostiene todo en sus manos. Él controla todo. «Nuestro Dios está en los cielos, él hace todo lo que le place. (Salmo 115.3).

Dios «que modela el corazón de cada uno de ellos … todas las obras de ellos entiende» (Salmo 33.15). El propio centro del pensamiento humano y del origen de toda la actividad humana queda al descubierto delante de Dios. Por medio de Jeremías el Señor advierte: «Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?» Luego responde: «Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras» (Jeremías 17.9, 17.10).

Dios nos conoce infinita e íntimamente. Él entiende justo lo que nos hace palpitar. Él discierne nuestros motivos así como nuestros actos. Él sabe lo que pensaremos y haremos antes de que nosotros mismos lo sepamos. ¡No cabe duda, entonces, de que él anula nuestros planes cuando considera necesario hacerlo (v. 10)! ¡No cabe duda, entonces, de que sus planes permanecen para siempre!

Ahora el salmista escribe sobre los efectos del poder de Dios en las personas de su pueblo: «El rey no se salva por gran ejército; ni es librado el valiente por la mucha fuerza. Falsa esperanza de victoria es el caballo, ni con su mucha fuerza puede librar» (vv. 16–17).

El fundamento de la victoria de los cristianos no radica en formar mentes agudas, bien afiladas y educadas capaces de escribir libros que defienden las virtudes del cristianismo. Nuestra fortaleza no está en nuestros apologistas, ni en nuestros teólogos ni en nuestras extraordinarias organizaciones. Está en la grandeza de nuestro Dios. Nos urge renovar en nuestros corazones aquella percepción que teníamos acerca de Dios en el momento de nuestra regeneración de que él es grandioso y maravilloso.

«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Corintios 2.9; cf. Isaías 64.4). Cada vez que dejamos de asombrarnos por Dios o tratamos de explicar racionalmente nuestra relación con el Señor o con Su cuerpo —el cual es «grande misterio» (Efesios 5.32)— luchamos con el origen de nuestra fe, menguamos nuestra fuerza, la cual debería basarse en la grandeza de Dios en el reconocimiento de la debilidad del hombre. Nuestra vida espiritual empieza con un vislumbre de gloria y llegará a su clímax contemplando por siempre esa gloria.

Si ningún rey se salva por sus ejércitos y caballos, y aún así hay rescate: «…los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar su alma de la muerte, y conservarlos con vida en tiempos de hambre» (vv. 18–19). Este mismo Dios que creó los cielos con una palabra y que frustra los planes de las naciones observa a su pueblo con amor infinito. Y desde los cielos nos protege. Nos guía. Observa cada una de nuestras necesidades, y conoce cada una de ellas antes de que se la expongamos (Mateo 6.8).

Espera en el Señor

¿Cuál es nuestra respuesta a todo esto? «Nuestra alma espera al Señor; él es nuestra ayuda y nuestro escudo.» (v. 20)

No cabe duda de que enfrentamos grandes problemas en el mundo, en la iglesia, en nuestra familia, y en nuestro corazón. Nuestra respuesta natural es escabullirnos en todas direcciones tratando de resolverlos. Pero esa respuesta denuncia nuestra ignorancia, negligencia, o desconfianza de la omnipotencia y providencia de Dios. Dios nos llama, en lugar de eso, a esperar Su tiempo.

Cuando esperamos en él, lo honramos pues demostramos que consideramos su guía de extrema importancia. Un aspecto de la adoración, entonces, es esperar la dirección de Dios antes de actuar. Cuando procedamos así, seremos capaces de confesar con el salmista «en Él se regocija nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado» (v. 21).

El salmista concluye su exhortación con una oración «Sea sobre nosotros tu misericordia, oh Señor, según hemos esperado en ti» (v. 22). Cuando vemos suficiente de la omnipotencia y providencia de Dios como para sobrecogernos con asombro; cuando confiamos en que él nos protege y establece sus planes; cuando adoramos a Dios desde lo más profundo de nuestro corazón, entonces podemos esperar en él con esperanza intrépida.

Acerca del autor
Dr. John Hannah es profesor de teología histórica en el Seminario Teológico de Dallas. Este artículo es una adaptación de su mensaje en la Conferencia de Liderazgo del Equipo de trabajo de los Navegantes de Estados Unidos en diciembre de 1984.

Este artículo se publicó por primera vez en Discipleship Journal. Usado con permiso del autor. Título del original: A New Song Copyright por John Hannah. Todos los derechos reservados. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados.